Para Alonso Rodríguez y GG Joly, porque descendimos a la cueva, en El Altillo
¿Qué lenguaje es este tuyo, Señor,
Tan sutil, sólo un aliento?
¿Qué poder es el tuyo, Señor,
Que crea el mundo y se somete
A los tiempos volubles, al destierro
De tu propia creación?
No te es dado
Más que hablar bajo, hablar
En ese oscuro lenguaje de luz
Tan delicado
Que nos pronuncia en una voz
Queda, como la estrella
Que brilla sobre la desolación infinita
Del espacio vacante.
Si nos hablaras, Señor,
Desde tu altura
Descuajarías la tierra,
Los cielos se abrirían
Y descenderían fuego y granizo.
Por eso hablas
Bajo, en lo escondido,
Como en la cueva:
Despojado
De toda gloria y dignidad:
Tu voz
Es más suave que el viento,
Frágil carne, carne mortal
Que se entumece
Al paso del látigo,
Al chasquido
Del frágil poder por el que el hombre
Te impone y te condena.
La justicia del hombre
Decreta la muerte de Dios
Para que se cumplan
Tu desnudez, los clavos, la alambrada
Del campo de exterminio,
La muerte nuestra cotidiana,
La que morimos en la muerte de los tuyos,
De los nuestros, como Juan, Andrés y Trino.
Los demonios se revuelven.
Trazan planes perversos. Se desploman.
A la vez que tu voz,
Que resucita,
Cumple su cita en la Historia
Y nos rescata.